“La puerta que nos separa”

 

Alzó la vista para alcanzar a ver más allá de la altura de los edificios de aquella, cada vez más, saturada ciudad.

La contaminación lumínica impedía ver las estrellas y creaba ilusiones a sus ojos capaces de hacerle creer que no existía una total oscuridad.
Sus pies se movían artificialmente por aquella sucia acera mientras los recuerdos se amontonaban contra las paredes de su cerebro haciéndola llorar al mismo tiempo que la impetuosa tormenta que la rodeaba cobraba mayor intensidad. Las lágrimas y las gotas de agua pura se mezclaban por su rostro, pero podía diferenciarlas gracias al diferente sabor que tomaban al deslizarse por sus labios.

Su paso acelerado se vio contenido delante de la puerta del jardín de la casa, la cual abrió con una lentitud pasmosa; causa que requirió que sus pasos se tornaran pesados y frágiles.

Inmóvil; con la ropa totalmente adherida a su piel a causa de la lluvia y el pelo recorriéndole la espalda en un ondulado e incesante movimiento... Dio los primeros pasos al interior del jardín descalzándose para sentir el contacto del césped bajo sus pies, junto con el olor a tierra mojada que le hacía sentirse en equilibrio consigo misma.

La casa, rústica para los tiempos que corrían y teniendo en cuenta el diseño de la estructura de las contiguas, se reflejaba cada vez con más cercanía en sus ojos grisáceos.

Cada porción de suelo que quedaba atrás, tomaba la dirección que la conducía hacia el lugar donde debía estar, y de donde decidió huir cuando sus sentimientos comenzaron a nublarse.

 

Todas las palabras carecían ya de sentido. No las recordaba, ni tampoco hacía falta; le bastaba con cada una de las emociones y sentimientos que recorrieron su cuerpo: el temblor al recordar que ya no estaba junto a él en aquella cama, el olor único de su pelo que le hacía dormir profundamente, las manos que le acariciaban hasta calmar su ansiedad y su pasión, el amor que le llenaba el alma...

Los armarios vacíos, la cama deshecha y  las sábanas sobre el suelo a la par que el semen y las lágrimas. Las primeras fotografías tomadas un par de años atrás mostraban huellas de haber sido quemadas a la vez que su corazón se había ido pudriendo con heridas aún abiertas que le llevaban cada noche a gritar, a romper cristales y a caer en la apatía de su propia vida.

Analizaba actos y se arrepentía de cada uno, porque se había creído lo mejor para ella cuando en realidad era él quien no la merecía. Pensando en acabar con su vida más de un millón de veces pero siempre venciéndose a la alternativa de que ella debía ser feliz y no tener nunca una carga como aquella.

Porque la felicidad de tener a alguien puede consumirte cuando la necesitas

 

Siempre pensaba que su vida podría resumirse en unas cuantas líneas, apenas tres o cuatro; curiosamente el mismo número de hombres que habían pasado por su vida. Pero ante su negativa, sus recuerdos solamente evocaban a uno de ellos, a aquel de quien una vez decidió alejarse.

Nunca antes se había dado cuenta de ello, pero todos los sueños que la habían estado mortificando aquellos últimos dos años no eran otra cosa sino recuerdos de momentos ya vividos en aquel mismo jardín:

Cuando golpeó el cristal de la habitación de él porque había soñado que era su amante el que se alejaba de ella. Con el corazón desbocado a causa no sabía bien si del esfuerzo de correr la distancia que los separaba o de la propia angustia que había sufrido con tan solo tener aquel sueño, aquel pensamiento. Él, atemorizado por pensar que algo malo había ocurrido se tranquilizó al oír el sueño que le había causado tan dulce despertar en mitad de la noche. La tomó por los brazos y la introdujo en su habitación sin decir una palabra mientras observaba como todo su cuerpo temblaba. Ella no acertó a pedir explicaciones ya que él le selló la boca con un beso; su primer beso.

Había malgastado tanto tiempo en enterrar aquellos recuerdos que ahora al verse ante el lugar donde habían sucedido, uno tras otro se sucedían en su mente.

La vez en la que vendó sus ojos, le agarró la mano y atravesaron la ciudad andando haciéndole él de guía, mientras ella trataba de averiguar en qué parte se encontraban. Y como el silencio, y aquel mismo césped eran testigos de la vuelta a la vida de sus ojos, junto con aquel abrazo y un beso en la mejilla como regalo de cumpleaños.

Cerrando heridas que debieron cicatrizar hace mucho, atravesó el ya encharcado césped, subió los escalones que conducían al porche de la casa y llamó a la puerta.
Había llegado el momento de retomar lo que había dejado.

 

 

Observó su propio reflejo en el cristal de su habitación, apreciando como tras cada mes se había vuelto más huraño, triste y apático. Su pelo rubio había pasado a ser castaño oscuro, sus ojos mantenían unas constantes ojeras que parecían no tener remedio alguno y sus labios se habían vuelto resecos a causa de la ansiedad.

Pero, justo en aquel instante, en el que apreció lo que era tras la marcha de ella, se dio cuenta de que quien estaba atravesando el jardín no era otra sino ella misma.

Con los pies y el pecho desnudos, giró el pomo de la puerta todo lo rápido que pudo, hecho consecuente de su tropiezo en el pasillo, la bajada a toda velocidad por las escaleras y la falta de precisión para abrir la puerta que otorgaba la salida y la entrada hacia el exterior de la vivienda.

Un ráfaga de aire le azotó el rostro devolviéndole su antigua juventud, como si aquel día en el que ella se marchó nunca hubiese existido. Con los ojos grisáceos que tenían rastros de haberse vuelto rojizos por algún motivo desconocido para él, pero con una sonrisa que le iluminaba la cara.

 

  1. Amor, espiritualidad, unión, amistad, belleza, dependencia, similitudes, compenetración y complementación. Porque nosotros nos tenemos, sumamos, añadimos, agregamos, expandemos, ruborizamos, vivimos y emocionamos en un conjunto. Porque siempre he estado esperando en tu puerta.

 

Sin que él llegara a mencionar palabra, ella apoyó su cara contra su hombro mientras él la abrazaba susurrando...

  1. He soñado millones de veces con este momento.

 

                                     Elena Ramírez Rodríguez 4º ESO-A