III Concurso de narrativa breve Escuela de paz
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III CONCURSO DE NARRATIVA BREVE
ESCUELA: ESPACIO DE PAZ

El viernes 25 de marzo, se entregaron los premios del III Concurso de Narrativa Breve (Escuela: Espacio de Paz) en la Biblioteca de nuestro Instituto. Tanto la temática como la calidad de los relatos presentados nos anima a seguir con un concurso que se va consolidando con los años. El director del Centro y los componentes del Grupo de Trabajo “Educar en Valores” entregaron los premios a los jóvenes narradores.

Los trabajos ganadores fueron los siguientes:

- Nunca volverá, Clara Peláez Hidalgo ( 2 ESO B ). PRIMER PREMIO
- Vivencias de un periodista, Marta Moreno Ligero ( 3 ESOB) PRIMER PREMIO
- No lo dejes escrito sólo en páginas, Paula Moreno Ligero(1BAC.C)PRIMER PREMIO
- En guerra, en paz, Pablo Polo Guerra ( 2 ESO B ) SEGUNDO PREMIO
- Vaya historia , Jorge Díaz Guerrero ( 4 ESO B) SEGUNDO PREMIO
- ( Sin título) , Javier Mesa González ( 1 BAC. C ) SEGUNDO PREMIO

A continuación os presentamos los 3 textos ganadores de los diferentes niveles


Clara Peláez Hidalgo ( 2 ESO B)
Nunca Volverá
Olía a enfermo. Como en todos los hospitales.
Seguí a mi madre, y por fin pude ver a mi abuelo.
Entré en la habitación con una media sonrisa. Su pelo blanco estaba despeinado, su rostro pálido y muchos cables lo rodeaban.
Un cáncer de pulmón lo había llevado hasta aquí. Sabía que tarde o temprano moriría, por culpa del maldito tabaco.
Mi abuelo sonrió. Me hizo un gesto para que me acercase, y así hice. Lo abracé con cuidado.
-Abuelo –sonreí. Me separé de él.
-No sé por qué has venido, no me gusta que me veas así.
-Tenía que verte… -decidí dejar la frase a medias.
-¿Crees que voy a ver una luz y voy a irme al “Otro Barrio”? Vamos, Bea, ya sabes que la luz no lleva a la muerte, sino a la vida –sonrió dulcemente.
Suspiré y lo miré a los ojos.
-Ya, ya lo sé… Me lo has dicho muchas veces, pero… ¿Por qué, abuelo? –me dejé caer en el sillón que había allí.
-Hija mía, cuando tu abuela murió me quedé muy tocado y… -se tapó la cara con las manos, y al rato se las quitó de ella-. Empecé a fumar más y más cada día… ¡Que nunca se te ocurra coger un cigarro! –suspiró-. Cariño, la gente se deprime, y cae en drogas, en la bebida o… O le pasa como a mí y termina en un hospital con cáncer de pulmón. Para que veas lo malo que puede llegar a ser el tabaco. Por culpa de él, ahora soy un viejo moribundo.
Las lágrimas recorrieron mis mejillas, y me tapé la cara con mis manos. Noté que mi abuelo me observaba.
-No llores. Cuando todo esto pase, estaré en una parte de tu corazón. Esas lágrimas están poniendo rojos tus preciosos ojos verdes y mojando esas manos de pianista.
Quité las manos de mi cara y me las miré. Suspiré y me senté en los pies de la cama.
-Nunca tuve la oportunidad de tocar contigo. Yo al piano y tú con el saxo.
-No te preocupes por ello, mis pulmones no me habrían dejado –suspiró. Abrió la boca para decir algo, pero la cerró-. Venga, vale, te lo diré –sonrió.
-¿Decirme qué? –le miré a los ojos. Aquellos ojos transmitían confianza, sabiduría… De todo. Desvié la mirada.
-Ahora hablaré con tu madre, y le diré algo que tú sabrás más tarde. Cuando tu madre te diga eso, entra en mi habitación que hay en tu casa y en la mesita de noche, debajo de muchos papeles y libretas, hay un colgante. Cógelo y quédate con él toda tu vida, y así me recordarás. ¿Lo harás?
No sabía qué significaba aquello.
-Claro, abuelo.
La puerta se abrió, y la cabeza de mamá apareció detrás de la puerta.
-Tenemos que irnos, Bea. Despídete del abuelo.
-Miriam, ahora entras que quiero hablar contigo –el abuelo aprovechó la ocasión. Mamá asintió y cerró la puerta, dejándonos solos otra vez.
Volví a mirar a mi abuelo.
-Vive, y si una lágrima sale de tu ojo, que no sea de tristeza.
Sonreí y me acerqué a él para abrazarlo de nuevo.
-Te quiero, niña –susurró.
-Y yo a ti, abuelo.
Me separé de él, y me sequé las lágrimas con las manos. Fui hacia la puerta y nos miramos a los ojos. Quizá por última vez.
-Recuerda lo que te he dicho.

Semanas más tarde, mamá me hizo salir de mi cuarto para darme la noticia que ya esperaba. El corazón de mi abuelo había dejado de latir.
Fue como si me clavasen un cuchillo en el corazón.
Corrí hacia la habitación de mi abuelo, abrí el cajón de la mesita de noche y rebusqué en él lo que quería encontrar. Y lo encontré. Cogí el colgante y me lo puse; era una estrella enganchada a una luna.
Lo miré y lo apreté con fuerza.
La estrella pareció brillar, y fue como si nunca me hubiesen clavado ese cuchillo.
Sentí sus latidos del corazón en el colgante, y supe que estaba en alguna parte de mi corazón.

MARTA MORENO LIGERO( 3 ESO B) VIVENCIAS DE UN PERIODISTA
Me llamo Iván Martínez y soy periodista de la agencia EFE. Me ofrecí voluntariamente para cubrir la información desde Puerto Príncipe sobre el fuerte terremoto que ha golpeado Haití, el país más pobre de América.
Todos saben que la mayoría de la población afectada son menores de edad y muchas ONGs han puesto ya en marcha su operativo de emergencia para atender las necesidades básicas de las familias afectadas. Proporcionarles agua, alimentos, asistencia médica, cobijo y protección es su primer objetivo.
Estoy embarcando en Barcelona y mi avión con dirección a Haití parte en una
hora escasa. Dispuesto a ver, oír e informar sobre todo lo que pase en este país por muy duro que sean las vivencias es mi labor, pero sé que me resultará muy difícil porque siempre te tocan el corazón. ¿Os habéis dado cuenta que todas las catástrofes naturales ocurren en los países y lugares donde las personas están más necesitadas?... Parece que ese es su destino en la vida.
Aterricé muy tarde y todo el viaje fue agotador así que caí en la cama rendido, sabía que al día siguiente iba a tener mucho trabajo y sería especialmente duro.
Me desperté a causa de los gritos de socorro de un pequeño que lloraba por sus padres y andaba descalzo entre ruina y polvo. Con mi equipo recorrimos las calles donde observé que la calma en el país era imposible, se oían solamente gritos de socorro, llantos y lamentaciones entre construcciones en derrumbe.
El horror olía a muerte, piernas y brazos asomaban de los escombros y la mayoría de las construcciones no mantenían su posición vertical. En ese mismo momento los bomberos de rescate de distintos puntos del mundo les daban una segunda oportunidad de vida a dos hermanos que estuvieron rozando la muerte.
El número de cadáveres aumentaban descomunalmente con los números que
facilitaban las agencias de información y las esperanzas de encontrar familiares
con vida eran muy escasas. Era la hora española de noticias y tenía la responsabilidad de informar fielmente de las condiciones en las que se encontraban los habitantes de la zona afectada, todo era muy difícil de explicar
si no lo habías vivido personalmente, lo hice lo mejor que pude. La conexión finalizó pero volverían a conectar en las noticias de la noche.
Acabo de presenciar de un rescate que quedará en la memoria de muchos y que yo especialmente no podré olvidar, un pequeño haitiano de unos tres años, es sacado de entre los escombros después de cinco días da la tragedia, el chiquitín levanta sus delgados bracitos abiertos saludando a los bomberos y buscando a su padre con una sonrisa de oreja a oreja. A todos las lágrimas nos mojaban las mejillas, eran lágrimas de alegría.
En las zonas abiertas de la ciudad se encontraban campos de refugiados, allí le dan las asistencias mínimas y un poco de tranquilidad, aún así hay muchos
niños huérfanos descalzos y con el corazón encogido buscando a sus padres de un lado para otro como aquel niño que me despertó mi primera mañana desde que estoy en Haití.
He recorrido lugares de todo el mundo a causa de mi trabajo y de cada uno de estos rincones que se hacen conocer en todo el planeta, solo quedan los recuerdos, recuerdos que a veces pueden ser menos significantes y otros que no te dejan dormir. Todos siempre estarán presentes en mi vida, tanto profesional como personal. A veces piensas que la elección que escoges para tu futuro no ha sido la correcta, deseas no haber estado presente y vivido esos momentos, no haber oído voces de niños desesperados pidiendo un socorro, padres ansiosos buscando a sus hijos, personas rezando...
El olor de la muerte se hace presente en todo mi cuerpo. Solo basta que un niño se me acerque prácticamente sin ropa y me pida suplicando ayuda, para la lágrima que no quiero que se me escape de mis ojos lo haga.
Tengo que ser lo suficientemente fuerte y ahora no puedo venirme abajo, sigo
sin darle una respuesta a la pregunta que da vueltas por mi cabeza... ¿Cómo estas personas pueden poner una sonrisa a algo que no se la merece?
Todo el mundo no es capaz de salir adelante en circunstancias extremas como la ocurrida a Haití, no sólo es sobrevivir a un terremoto, también es superar la pérdida de familiares, ver a tus paisanos morir, tu ciudad natal destruida y derrumbada... es muy difícil.
Mi estancia en Puerto Príncipe llega a su fin y el regreso a casa se acerca, ha sido una estancia única e irrepetible.
La respuesta a la pregunta me la dio una pequeña de unos 6 años: me dijo que perdió a su mamá a causa del derrumbe de su casa, pero que sabía que la cuidaría desde el cielo y sería, en un futuro, una superviviente que contara en primera persona lo que vivió ella y su país.
Me despedí y apadriné a la pequeña y sus dos hermanos, el terremoto les quitó todo lo que tenían y yo desde la distancia intentaría ayudarles.
Cogí el avión de vuelta y mi familia y amigos me esperaban con un enorme abrazo y una sonrisa. Días y días contando la experiencia vivida y aun así quedarán muchas historias entre los ruinosos restos de las pobres construcciones.


PAULA MORENO LIGERO ( 1 BACHILLERATO – C )
NO LO DEJES ESCRITO SÓLO EN PÁGINAS

4 de febrero de 2009
Esta mañana me levanté diferente, mi corazón debilitado se encontraba en mi puño mientras éste ejercía presión sobre él, algo dentro de mí, tal vez la conciencia, el sentimiento de odio mezclado con el de cariño, no lo sé… me decía que debía acabar con esta situación, avanzar, andar, levantar la mirada y nunca jamás mirar atrás.
Debo confesarte pequeño amigo que no, no puedo hacerlo y creo que nunca podré. Mi cabeza y mi corazón se encuentran echando un pulso constantemente, en todos los momentos del día y no sé quién debe ganar. Esto empieza a hacerme daño...
Son dos años junto a él y las fuerzas que me unen son incondicionales, soy consciente de las consecuencias que esto me está trayendo, me he alejado de mis amigas, mi relación con mis padres va de mal a peor y empiezo a bajar las notas de mis estudios.
Ha cambiado estos últimos seis meses. Me insulta cuando no le parece bien cómo voy vestida, o cuando no le gusta algunas reacciones que tengo y eso sólo fue el principio. La semana pasada, me dio el primer golpe en la cara que ha dejado un vacío en mí, fue como un leve cosquilleo que me avisaba de algo que no alcanzaba divisar. Esto es todo por hoy, nos vemos pronto y espero no hacerte esperar mucho, muchos besitos amigo.

10 de febrero de 2009
Hola, estoy aquí de nuevo, tengo que contarte un montón de cosas, hace días no duermo y ando inquieta por la conducta que está adoptando Rubén, hace días que no me habla, no me devuelve una simple mirada, ni una sonrisa.
Echo de menos esas tardes interminables hablando mientras comíamos pipas, también esas noches sobre la arena fría de la playa contado estrellas, y qué decirte de los escondites que eran testigos de nuestra historia de lujuria, cordura y amor. Mi cabeza da vueltas sin tener rumbo fijo, mis pisadas ya no dejan huella, mis zapatos se estropearon desde el momento en el que no me dirige la palabra, estoy mal y necesito ayuda. Pero… ¿quién estaría dispuesto a ayudarme cuando hace ya tiempo me alejé y le di la espalda?
Le quiero y eso no lo va a cambiar nada ni nadie. Hasta luego, un beso.

20 de febrero de 2009
Las cosas empezaron a ir mejor hasta que esta mañana hemos discutido de nuevo, mis inseguridades y desconfianza le hace perder la compostura. Me ha chillado y ha dejado en mi antebrazo el primer signo de lesión. He pasado miedo, mucho miedo. Mis padres me preguntaron a que se debía ese cardenal, y mi excusa barata ha sido una caída por las escaleras del instituto, es simplemente una excusa que una adolescente pone para ocultar que su novio le ha pegado.
El odio que he sentido esta tarde recreando lo sucedido se ha esfumado en cuanto ha sonado mi móvil y él ha dicho: “Cariño, lo siento, estaba nervioso, no sabía lo que hacía”. Siempre arregla los conflictos de esa manera y yo soy la tonta que no le pide cambiar por temor a su reacción. Cada vez siento que estoy más privada, no puedo hablar con mi mejor amigo, ni le puedo decir lo que me parece mal. Mis amigas me advierten del peligro que corro e intentan quitarme la venda que cubre mis ojos. Pero lo voy a repetir las veces que haga falta, lo quiero tal y como es, es el hombre de mi vida y sé que ,a pesar de todo, él también me quiere.
Hasta pronto, un dulce abrazo y un beso enorme.

23 de febrero de 2009
Las semanas de sufrimiento, impotencia, miedo, rencor, odio, amor, deseo, tentación, temor, hacían huella en mí, la oscuridad del túnel se apoderaba cada segundo que marcaba la manecilla del reloj. Cada cardenal en cada parte de mi cuerpo dolía más y más, la espera de verle cambiar se hacía larga y pesada. Pero siempre andaba guardada y acechando en ciertos momentos la frase, lo bueno se hace esperar. Tengo la leve esperanza de que no me haga sufrir más, de que cada vez que se le cruce los cables no me dé un empujón y me arroje por las escaleras de su casa. Sus gritos hacen eco en mi alma y rebotan hasta sentir que ésta se debilita. Intentaba sacar fuerzas de donde ya no las había, y la mayoría de las veces después de minutos de tormento me encontraba tirada en el suelo con el labio partido y un ojo hinchado.
Los únicos testigos de esos momentos de gran tensión eran los ojos de las pequeñas Meninas de Velázquez que residían silenciosamente encerradas en los cuadros que colgaban de las paredes de su casa y su hermano menor, que cuando sabía lo que se avecinaba salía corriendo escaleras arriba… un portazo y la música le hacía ausente de todo lo que ocurría. Jamás se me ocurriría gritar para pedir socorro o simplemente para expulsar de alguna manera la adrenalina que mi estómago guardaba.
No quiero seguir escribiendo por hoy, mis lágrimas inundan estas páginas y comienza a dolerme la cabeza… Un abrazo amigo.

25 de febrero de 2009
Parece que cambia hasta que me vuelve a levantar la mano y descargar sobre mí toda la fuerza que puede almacenar en cuestión de segundos. El golpe de ayer fue el que más me dolió, fue más bien psicológico, dejó tirada en el suelo mi dignidad como mujer junto con mi orgullo, mi mirada enamorada y mi esperanza.
Las pisoteó y luego me las devolvió.
Sus insultos me desgarran, sus palizas me derrumban… sé que soy dependiente, no sé seguir sin él. Esto debe cambiar, y el primer paso de este largo camino debo darlo yo. Por eso, te agradezco mucho estos meses de escucha que me ayuda a desahogarme de alguna manera. Pero esto se nos está yendo de las manos y creo que la mejor ayuda que puedo recibir en estos momentos es el apoyo y cariño de mi familia. Es muy difícil, lo sé, pero…Volveré, volveré para expresar palabras de felicidad y contarte la esperada salida de este ardiente infierno. Volveré para contarte que tuve un pasado negro pero que pude salir de allí. Gracias, te quiero amigo.

Octava muerte por violencia de género 27/02/09 Una joven de 17 años es asesinada a manos de su pareja sentimental después de dos años de relación. El suceso tuvo lugar en el domicilio del agresor tras mantener una discusión. Ella había decidido dejarlo esa misma mañana, a cambio de ello, él le arrebató la vida. En unos días el adolescente de 19 años, autor confeso de la agresión, pasará a disposición judicial.

2 de marzo de 2009
Una sensación de paz, liberación y felicidad corre por mis venas, me hace sentir bien. Aunque en ocasiones algo me desconcierta, escucho a lo lejos llantos que me resultan familiares, mi madre grita y mi padre intenta consolarla, las lágrimas de mis hermanas caen en mi ropa como lluvia ácida y mis amigas cuelgan mis fotos por todo el instituto. Pero lo que escucho más cerca son los lamentos de Rubén, nunca llego a escuchar lo que susurra en voz baja pero sé que anda arrepentido. Llora por los rincones y no deja de repetir que siempre me recordará y que me quiere. Miles de personas andan por las calles de mi pueblo con pancartas y gritan a pecho descubierto: “ANTE LA VIOLENCIA: TOLERANCIA CERO”.
No sé de qué manera puedo decir a la gente que llora por mí y me echan de menos que estoy mejor aquí, que no se preocupen y que nos reencontraremos pronto. Y tú, si te encuentras con mis padres diles que les quiero mucho, y que yo me encargaré a partir de ahora en cuidarles desde aquí.
Te seguiré escribiendo, un beso grande, grande.
SIEMPRE ♥

 
   
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